Ránking de nominadas al Óscar a la Mejor Película 2025

10. Emilia Pérez

Hay quienes hablan de esta película como si fuera la peor de todos los tiempos. No creo que merezca tantos honores. No todas sus actuaciones son exactamente malas, la fotografía cumple (mucho mejor que la de Wicked), hay un par de ideas musicales casi interesantes. No es que sean buenos tampoco esos momentos, pero son malos de manera más o menos entretenida. Por ejemplo la cadencia del personaje de Karla Sofía Gascón en su primera escena, o la canción ya infame que termina con «man to woman, from penis to vagina». Si toda la película fuera así, sería una de esas cosas malas que a veces vale la pena ver con ciertos amigos. Lamentablemente solo es, en su mayor parte, estúpida, ridícula y aburrida.


9. Wicked

Me parece ligeramente más respetable que Emilia Pérez, aunque me aburrió todavía más. Es cierto que se puso esfuerzo en el diseño de producción y de vestuarios, con buenos resultados, pero el paupérrimo trabajo de fotografía termina siendo más relevante. Qué película más decididamente fea. No es así como se supone que se vean el verde, el rosado, el amarillo. Como historia es convencional, gastada desde el principio, si bien intenta disimularlo haciendo de una famosa villana su protagonista perfectamente benévola. El único personaje realmente divertido es el de Ariana Grande, que lo hizo muy bien. En un sentido genuino, humano, no podrían importarme menos. En consecuencia, las partes disfrutables se concentran en la primera mitad, que se permite el humor y la ridiculez. Las canciones no son disonantes, supongo, pero tampoco memorables, originales o simpáticas. Wonka fue en todo sentido superior a estos dos musicales del 2024.


8. La sustancia

Como aficionado al terror corporal y a la ciencia ficción, tenía saludables expectativas respecto a La sustancia. Desgraciadamente, no la disfruté hasta como la última media hora. En su mayor parte es predecible, insistente y fastidiosa. Tiene la estructura de un episodio de Los padrinos mágicos: el personaje tiene un problema, lo soluciona con medios sobrenaturales, tarde o temprano todo sale mal, el remedio termina siendo peor que la enfermedad, el personaje —o por lo menos la audiencia— ve que estaba abordando el problema de mala manera y aprende su lección. La caricaturización de todos los personajes es aceptable dentro de una sátira; uno desearía simplemente que se hiciera algo más interesante con ellos, que su circo fuera más gracioso que cargante. La fotografía y el sonido van en la misma dirección, evitan cualquier sutileza posible, llaman forzada y grotescamente la atención sobre sí mismos, cansan. La secuencia final no deja de ser respetable por la distancia que está dispuesta a recorrer, con su compromiso por la exageración física de efectos especiales prácticos.


7. Un completo desconocido

La primera película buena de la lista. Sin embargo, más allá de las destacadas actuaciones a lo largo de todo el elenco, es difícil mencionar cualidades sobresalientes. El guion ofrece relativamente poco en términos de escenas o diálogos diferentes de lo acostumbrado en el género de los biopics. La mayor parte de la película tampoco tiene mucha tensión, excepto tal vez por el final, pero esto se siente más que nada comparativamente. Me sorprendió que dedicara tanto tiempo a la música; es casi una película concierto. Imaginaría que si la ve una persona sin familiaridad o gusto por la música de Bob Dylan existen dos posibilidades: o adquiere cierto aprecio —debe ser mucho más probable en el cine— o más bien desea acabar con el trámite. Afortunadamente me considero fan de Dylan, aunque tampoco tanto como para que me irriten las inexactitudes biográficas, que no podría identificar.


6. Cónclave

La pasé muy bien viendo esta película. De esas que no te hacen perder el tiempo: directo a la historia, al conflicto. Te entrega la exposición necesaria, a buen ritmo, en dosis calculadas. Profesionalmente confeccionada e interpretada. La mayoría de los espectadores probablemente se involucran más en la carrera papal de esta ficción que en cualquiera real en el curso de sus vidas. Lo que le impide quedar en mejor posición son dos importantes defectos relativos al final: primero, la facilidad con que el ganador consigue la delantera; segundo, el pretendido plot twist, débil, decepcionante. Ambos factores contribuyen a una conclusión anticlimática en una película del tipo que merece un gran clímax.


5. Aún estoy aquí

Una obra muy lograda, que en un año más débil podría haber sido la mejor de las nominadas. A ratos es feliz y se siente como un agradable slice of life de época; luego es tensa, incierta, terrible por vías más sugestivas que explícitas: te pone en el lugar de la protagonista y de este modo es más empática que efectista; después encuentra todavía tiempo y espacio para ser éticamente reflexiva, tranquilamente triste y por si fuera poco de nuevo esperanzadora. Sorprende la versatilidad del guion, que asume distintos modos, distintos géneros, podría decirse, siempre con naturalidad, adaptándose al argumento. Todo en la película resulta sincero y sentido: por ejemplo los personajes (personas), que no son pocos pero tampoco funcionales, cada uno con sus propias actitudes, su sentido del humor, sus faltas de comprensión, madurez gradual, afectos contradictorios. Todo esto es posible porque la película se permite ser un poco larga y cubrir un largo periodo de tiempo histórico. Si bien la temática de la dictadura está igualmente muy presente en el cine y el arte chilenos, no recuerdo haber visto una producción nacional tan redonda y conmovedora como Ainda estou aqui.


4. Anora

A pesar de que solo la coloco en el cuarto puesto, me siento más que conforme con su premiación del Oscar. Hay que ser realista: mi número uno pasó muy desapercibida como para ser auténtica contendora (además de ser un poco muy experimental para el premio); mi número dos pertenece a un género mirado en menos por la Academia, además de ser una secuela; mi número tres requiere cuatro horas en el cine y es un poco difícil decir exactamente de qué se trata o qué representa, un problema para los votantes en estas ocasiones. Por lo demás el top 4 es más o menos intercambiable, con un par de revisionados.

Pero volviendo a Anora: como sabrán, la película es protagonizada por una trabajadora sexual, y tal vez parece a primera vista —se hace pasar por— una película romántica. Pero no es una película de un romance improbable, no trata sobre el amor. Sí se trata, entre otras cosas, sobre la euforia, sobre la sensación de que la vida «se sale de control» en el mejor sentido posible, pues de pronto parece que ya no hace falta tenerlo: se tiene dinero. Por tanto vemos la posibilidad o ilusión de movilidad social, el clasismo que enfrenta la idea, el uso deshumanizante al que se exponen en particular ciertos sectores manipulados de la clase trabajadora. Todo esto en el contexto de situaciones absurdas, inesperadas, que ninguno de los personajes sabe afrontar: el efecto cómico se produce precisamente por su incapacidad de normalizar las cosas luego del vuelco eufórico e irresponsable que han dado. La última escena es quizá el mejor final del año porque hace patente —de súbito y con naturalidad— la gran tristeza que subyace a todo el arco narrativo de Anora, quien ha desarrollado también una relación poco saludable con su cuerpo y con toda la gente que la rodea.


3. El brutalista

Es la clase de ficción realista que aspira a retratar verdaderamente toda una vida. Esto no quiere decir que parta con la infancia del personaje ni que concluya necesariamente en su muerte, sino que te muestra todas o casi todas las facetas imaginables del individuo: profesional, familiar, sexual, religiosa, patológica. Es entendible que dure tanto no solo por esta diversidad de ámbitos, sino porque además evita caer en los monólogos explicativos, en la clara declaración de intenciones, en la autorreflexión del sujeto torturado. La excepción que se nos ocurre es el discurso del homenaje final, pero con algo de atención esto ya cobra el cariz de engaño, de simplificación hasta con fines políticos: es la sobrina la que habla, la que entrega un sentido, una exégesis de la vida; no es el propio László. El efecto es tremendo, confuso, inconmensurable: aquí he estado, sentado por tres horas y media, pero tendría que verla de nuevo. Por otro lado también es válido pasar ese tiempo semidormido, con un ojo cerrado, sin leer una sola línea de subtítulos, absorbiendo simplemente impresiones difusas, porque The Brutalist se ve increíble, suena increíble y toca la música extraordinaria de Daniel Blumberg.


2. Dune: Parte dos

No es posible exagerar las dificultades que entraña adaptar al cine un libro como Dune. Desde seleccionar la información más relevante sobre el mundo y exponerla con buen gusto, pasando por diseñar efectos especiales lo bastante caros e imaginativos, hasta imbuir toda esta mezcla cienti-ficticia de humanidad y auténtica energía, los desafíos que ha enfrentado Denis Villeneuve cuentan entre los más ambiciosos para un director de cine. Esta parte dos es altamente atmosférica, inmersiva; casi te lleva en un trance espiritual junto con los protagonistas; exhibe la complejidad de las diferencias religiosas y políticas dentro de una comunidad étnica en guerra, la tensión enfocada en una figura mesiánica que a cada momento tiene más de invento maquiavélico y al mismo tiempo más de realidad innegable. Hay escenas, hay tomas de una fuerza sensorial tal vez inigualada en el género (sin duda la experiencia definitiva fue en IMAX). Si bien Dune: Parte dos tampoco es perfecta, la inventiva y rigurosidad de los creadores ha producido algo único en el panorama cinematográfico del siglo XXI.


1. Nickel Boys

Un rasgo común a muchas de las grandes obras artísticas es que muestran la validez de una nueva forma. Nickel Boys es una de las raras películas que pueden hacerte pensar, una y otra vez: «ah, así que las cosas también se podían mostrar así». Y este así no es en absoluto una imposición, no es un mero truco: es la verdad, es la vida como la sentimos, como la vemos, como la recordamos. Esta historia real de abuso y de amistad no dice, sino que hace experimentar, el hecho de que cada persona es una isla solitaria de alegrías y dolores, y que al mismo tiempo es posible tender puentes inesperadamente extensos, aunque sea incorporando en gran medida el peso de otra subjetividad en la nuestra. Su densidad expresiva, el interés que provoca son tales que apenas terminé de verla —lamentablemente en mi computador—, además de quedarme algo así como devastado y sorprendido y abrumado, pensé que iría corriendo a la primera oportunidad de volver a verla en un cine.

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