Ránking de nominadas al Óscar a la Mejor Película 2026

10. Frankenstein

Por lo menos este año no nominaron ninguna película tan mala como las peores del año pasado. En el caso de Frankenstein ni siquiera es tan fácil señalar el problema: habría que decir «un poco de todo». Tiene el aspecto oscuro, deslavado e híper-digital que ha llegado a caracterizar las producciones de Netflix. En un par de momentos el CGI es paupérrimo. Se siente muy larga y falta de dirección, en parte debido a que la posición y los movimientos de la cámara resultan monótonos. No estoy capacitado para juzgar si es una «buena adaptación» —por lo cual se entiende, normalmente, una fiel—, pero ese criterio tampoco me importa: el hecho es que el guion en sí mismo no funciona, no atrapa ni genera suficiente empatía, y para cuando terminó solo sentí alivio y una necesidad de desperezarme. Rescato la correcta actuación de Jacob Elordi y desde luego el diseño de producción.


9. F1

Otra película de Joseph Kosinski, es decir otra película como Top Gun: Maverick, es decir otra película extremadamente hollywoodense para bien y para mal, y que conviene ver en un cine. En comparación a Frankenstein tiene una fotografía clara y agradable, y un efecto de materialidad tangible, de situarte en la escena, que inevitablemente se disfruta a la hora de las carreras. De lo demás no hay mucho que decir: Brad Pitt pone su mejor cara de Brad Pitt; el personaje de Damson Idris parece diseñado para darle a la película tridimensionalidad con su desarrollo, pero la verdad es que nunca deja de ser plano ni de caer mal; mientras tanto la música hace un acompañamiento más o menos efectivo sin ser realmente buena. Si no la han visto, la pueden ver, si quieren.


8. Hamnet

El puesto más controversial de la lista, si la lista generara controversia. No es que no me guste, no me malentiendan; es solo que no logro decir que me gusta con confianza. Sentí esa confianza durante el primer acto, cautivado por la naturaleza y por la relación de Agnes con la naturaleza. De ahí en adelante es este personaje la mayor fuerza de la película, con su convencida superstición, sus aprensiones familiares y espirituales. Está de más decir que todo ello funciona gracias a la sobresaliente actuación de Jessie Buckley, que debe tener el Óscar asegurado. Pero también ocurre que hay por lo menos una escena en que vi a Paul Mescal como actor y no como individuo (aclaro que le tengo estima por sus interpretaciones en Normal People y en Aftersun), y que el drama de la pérdida se alarga más que la compenetración que provoca, hasta una secuencia final que pretende la epifanía pero no deja de ser forzada. Tampoco ayuda el hecho de que el tema estrella de Max Richter, «On the Nature of Daylight», se sienta ya reciclado después de su —superior— papel en La llegada.


7. Sueños de trenes

Si quieren ver una película esta noche, y por algún motivo solo pueden ver nominadas a Mejor Película disponibles en Netflix, omitan Frankenstein, vean Sueños de trenes. Podrán ver aún más paisajes forestales que en Hamnet, y bien grabados, además; a mí en lo personal me encantan los bosques. También tiene en común con Hamnet el tema de la pérdida, una banda sonora coherentemente melancólica y secuencias oníricas bastante logradas. En este caso es cierto lo que dicen: a la voz en off a menudo le convendría apagarse y permitirnos observar y reflexionar por cuenta propia; pero los hechos del relato en sí mismos son más naturales y variados aquí.


6. Pecadores

Celebro que la Academia parezca más abierta a reconocer el cine de terror, aunque no sea necesariamente lo mejor del género, sino más bien lo que se considera de tema relevante. En cualquier caso Pecadores es buen cine, por su iluminación, sus actuaciones, sus efectos especiales y sobre todo su secuencia final con espíritu de heavy metal. Si no disfrutan normalmente este tipo de películas, es poco probable que Sinners sea la excepción: su originalidad y profundidad han sido exageradas en algunos círculos. Pero si quieren sangre, vampiros y blues en alto volumen, look no further!


(Este punto, a mitad de la lista, es tan bueno como cualquier otro para hacer una aclaración problemática para el creador de un ránking: no he visto todas las películas que me propongo rankear. Me falta El agente secreto, que pretendo ver en una sala de cine —como corresponde— apenas esté disponible en Chile. Entonces actualizaré la lista, y la verdad prevalecerá.)


5. Valor sentimental

Me parece saludable que el listado de nominadas incluya una película no estadounidense (nota tangencial: No Other Choice merecía casi con seguridad un puesto entre las nominadas a Extranjera), y la última de Joachim Trier cumple con expandir el rango de estética y sensibilidad que vemos representados en los Oscars esta vez. Es una película muy europea que se trata entre otras cosas acerca del cine europeo, y acerca del modo en que el arte expresa y trabaja las emociones, facilitando en el proceso la comunicación entre las personas. También hay que leerla tomando siempre en cuenta el sentido más literal del título: el de los objetos antiguos a los que nos hemos encariñado, las casas que pueden ser hogares o dejar de serlo o convertirse en hogares distintos, los espacios que parecen hablarnos ya sea como si llenaran un vacío o como si arrojaran el vacío en nuestra cara. Sufre en menor medida —o sufro yo— del mismo problema que Hamnet: no termino de sentir el conflicto interno de los personajes en la medida que quisiera. Pero este es un defecto menor —si es defecto— dentro de una de las películas más sólidas y bellas del año.


4. Bugonia

Bugonia, en cambio, no es una película bella, excepto por la fotografía excelente de Robbie Ryan, por cuarta vez colaborador de Lanthimos, especialista en registrar y acentuar todo tipo de situaciones feas y absurdas. A mi parecer, en esta ocasión Jesse Plemons brilla más que la —siempre notable— Emma Stone, y parece criminal que la ceremonia de premiación más importante en la industria del cine no reconozca una performance de su estatura con por lo menos una nominación (solo porque los cupos son limitados, habría que decir que Michael B. Jordan —¡buen trabajo!— se queda fuera). Qué más: el guion destaca por una premisa y por conversaciones que invitan a todo tipo de interpretaciones de índole social acerca de La Actualidad, y esto a pesar de que se basa en una película surcoreana llamada Save the Green Planet! del extranjero año 2003. También hay un giro de trama más descabellado que impredecible al final, para quienes disfrutamos esas cosas. Basta decir que está a la altura de la filmografía ya sobresaliente y semi-canónica de Yorgos Lanthimos.


3. Marty Supreme

Otra película fea en el buen sentido de la palabra, pero en este caso el marketing no ha sido del todo honesto con las audiencias. Es más fácil entender Marty Supreme en el contexto del cine de los hermanos Safdie, y en particular sus otras dos obras realmente exitosas: Good Time (todavía la mejor) y Uncut Gems. Quiero decir que esta pseudo-trilogía conforma una serie de comentarios sobre la cultura estadounidense de los hustlers —en el sentido más amplio de la palabra—, individuos individualistas obsesionados con el éxito, con la victoria o la ganancia por medios rápidos y cuestionables, por el progreso mediante el carisma, la insistencia y una irresponsable fuerza de voluntad. El resultado en este caso es una película de grandes diligencias que culmina con (¡spoiler!) algo así como un triunfo que solo destaca la perdición de su protagonista. Contiene probablemente la mejor actuación de Timothée Chalamet, otra banda sonora excelente de Daniel Lopatin y una multitud de subtramas que demuestran la compatibilidad entre estos y otros elementos humanos y técnicos.


2. Una batalla tras otra

La mejor película del año —entre las que yo he visto— no es, bien mirada, nada revolucionario. Funciona primordialmente por el ritmo de los hechos y de las palabras y de la música: despierta tu interés, lo mantiene, a veces lo extrema (yo desearía que lo hubiera extremado un poco más al final). Hay sin duda críticas políticas a los Estados Unidos de hoy y a los de siempre, con sus fascistas e idealistas de hoy y de siempre, aunque no sé si admite un análisis en este sentido que desemboque en genialidad. Véanla como cine entretenido y quedarán más que satisfechos: te pone tenso, te hace reír, te sorprende; es larga pero se mueve rápido sin perder inteligencia ni seguridad; tiene sus héroes y sus villanos, sus afirmaciones y sus respuestas ingeniosas o tontas, pero todo a propósito. Es posible verla como si el protagonista fuera siempre la música de Jonny Greenwood. Es posible reverla muy pronto con nuevas gratificaciones. Será seguramente posible reverla en muchos años y llamarla con obviedad un clásico.


1. Confirmado próximamente.

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